Aunque hayas tenido una maternidad deseada, antes y sobre todo durante el embarazo, habrás creado unas expectativas sobre lo que significa ser madre que pueden ser idealizadas. Todo el mundo se apresura a decirte que ser madre es la mejor experiencia y parece que sólo puedes estar feliz cuando llegas con tu recién nacido a casa, pero, ¿siempre es así? ¿es normal sentirse triste?

mamá disfrutando con su hijo

Cuando llegamos a casa las madres primerizas con un recién nacido tenemos un aluvión de preocupaciones; ¿comerá bien? ¿cómo debo acostarle? ¿por qué llora? ¿le duele algo? ¿ante que señales debo ir al médico? Aunque se haya tenido experiencia previa con bebés, nunca se ha tenido como madre y la responsabilidad que esto implica puede hacer que nos sintamos muchas veces “superadas” por la situación. Estos sentimientos chocan con una posible idealización de la maternidad y con las expectativas que nos hemos ido formando al respecto. Todas imaginamos a una recién mamá sonriente y feliz, y no dolorida por un parto difícil y con dificultades para conseguir un deseado “enganche” de su bebé al pecho. El riesgo de todo esto es pensar que nosotras no podemos y que, incluso, “no es normal” que nos sintamos tristes si ¡debe ser el momento más feliz! Estos sentimientos pueden hacer que no disfrutemos plenamente de la vida con nuestros hijos.

Algunos consejos que te pueden ayudar a replantear esta etapa:

1. No sufras, es normal todo lo que te pasa.

Lo primero es aceptar que es normal todo lo que te pasa. Has pasado de tener 24 horas para ti, a tener un bebé que requiere 24 horas de atención. Es normal que estés cansada, es normal que tengas dudas sobre qué es lo mejor para tu bebé (no conozco a ninguna madre que explique qué considera mejor en la crianza de los niños y después no haya hecho justo lo contrario alguna vez), es normal que eches de menos cosas de tu vida antes del bebé, es normal que la relación con tu pareja cambie, y un largo etcétera. Tener un hijo lo cambia todo y para volver a sentirte bien con tu vida hay que volver a equilibrarlo todo, y eso, lleva un tiempo.

2. Tú eres la mejor madre para tu hijo.

El otro día vi un proyecto que se llevó a cabo con madres con hijos ya mayores que les pedían que escribieran qué consejo se darían a sí mismas cuando llegaron a casa con sus bebés. Una escribió “Tú eres la mejor madre para tu hijo” ¡Fue mi favorita! Da igual lo que te digan y dan igual todas las opiniones que te den en el entorno sobre la crianza de tus hijos. Si pudiéramos preguntarle a tu bebé diría que tú eres la mejor. Hay muchas formas de criar a un hijo y te darán mil opiniones: “es mejor que pase tiempo con otras personas a que esté siempre con la madre”, “los niños que están en brazos se acostumbran”, “los niños que se duermen solos sufren”, “no es bueno que se meta los dedos en la boca”, “hay que darles masajes todos los días”, “no es bueno bañarles a diario”, “hay que bañarles a diario para que tengan una rutina” etc. Aunque podríamos estar discutiendo sobre estas cuestiones, da igual. Lo que necesita tu hijo es a ti, con mucho cariño y si es posible con una buena dosis de felicidad, ¡no cargada de preocupaciones y dudas! Haz oídos sordos, infórmate sobre lo que te preocupe y decide, seguro que estará bien.

3. Mamá 10 o Mamá Feliz

Estamos en un tiempo difícil para las mujeres. Hay que ser 10 en todo: la mejor trabajadora, la mejor madre, la mejor pareja, la mejor hija… ¡Pero es que el día, solo tiene 24 horas! Si te obsesionas por que la casa tiene que estar perfecta, o tienes ayuda externa o sencillamente tendrás que estar menos tiempo con tu hijo. Si quieres trabajar, tendrás que renunciar a ser mamá a tiempo completo. Si quieres mantener una relación de pareja plena, tendrás que buscar los momentos. Olvídate de llegar a todo o acabarás viviendo todo a medias. Pide ayuda cuando la necesites y aprende a decir No a los compromisos de otros. Y cuando las cosas te superen, una buena dosis de buen humor seguro que alivia.

4. Volver a la infancia

Tener un hijo te permite algo maravilloso y es volver a ver la vida con ojos de niña.

Tírate por el suelo, canta, sonríe e invéntate historias increíbles. Descubre olores y colores nuevos, participa de sus juegos y de sus fiestas. Además de disfrutar con tu hijo y tu hijo contigo, ¡volverás a disfrutar de las pequeñas cosas!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *