¿Debe tomar mi hijo con hiperactividad fármacos?

 

Cuando a un niño se le ha diagnosticado de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad se comienza un tratamiento combinado de fármacos y terapia psicológica. Los fármacos que se prescriben para la Hiperactividad son variados y su prescripción va a depender del caso individual tal y como lo juzgue el médico. Los fármacos más utilizados son:

Estimulantes:pastillas

La utilización de estimulantes en el tratamiento de la Hiperactividad es lo más frecuente. El metilfenidato (más conocido como Ritalin o Rubifen) es el principal estimulante prescrito debido a la rapidez con la que aparecen los efectos y el control de los efectos secundarios. Otros estimulantes utilizados son la dextroanfetamina (más conocido como Dexedrina) o la pemolina (o Cylert).

 

A pesar de la paradoja de recetar estimulantes a niños con un alto nivel de actividad, la mejoría suele ser evidente. Los principales efectos son la mejora de la atención y la disminución de la actividad física. Como contrapartida, estos fármacos van a presentar numerosos efectos secundarios como la pérdida de apetito, dolores de cabeza y abdominales y posibles alteraciones del estado de ánimo. Por esto, es sumamente importante que se sigan las prescripciones del médico que supervisa la medicación y que va a controlar los efectos no deseados.

 

No todos los niños con un TDAH van a notar mejoría con la prescripción de estimulantes. El médico realizará unas pruebas previas para determinar si es el fármaco que más le conviene al niño y cual es la dosis necesaria y adecuada.

Otros fármacos utilizados

Los ansiolíticos o tranquilizantes son la alternativa más frecuente a los estimulantes. Estos fármacos relajan al niño consiguiendo que disminuya su actividad y que duerma mejor. También se utilizan fármacos antidepresivos y sales de litio aunque en menor medida que los anteriormente mencionados.

 

Es importante tener en cuenta que el tratamiento farmacológico es muy útil en las primeras fases del tratamiento pero, sin embargo, es necesario combinarlo con un adecuado abordaje psicológico con vistas a retirar el fármaco en el futuro y no convertirlo en un problema crónico.

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