En el complejo proceso de adquisición del habla es muy frecuente la aparición de dificultades en la fluidez alrededor del tercer año de vida. Esto es debido a que, a esta edad, el niño no domina la coordinación de los músculos implicados en el habla, puede tener problemas para recordar las palabras adecuadas o se siente todavía inseguro al hablar. Sin embargo, estos problemas ocasionales son, en la mayoría de los casos, pasajeros y producto de una adquisición normal de las habilidades del habla.

 

Cuando estas dificultades en la fluidez no desaparecen y se hacen cada vez más frecuentes hablamos de Tartamudez. El tartamudeo consiste en una interrupción en el ritmo o fluidez del habla con una frecuencia mayor de lo que se considera normal en relación a la edad y desarrollo del niño. Estas alteraciones en el habla pueden ser:

niño con microfono y cascos

– Repeticiones de sonidos, sílabas o palabras

– Sonidos inusualmente largos

– Interjecciones frecuentes (ehh, umh, etc.)

– Pausas dentro de una palabra

– Pausas o bloqueos en el discurso

– Sustitución de palabras problemáticas

– Palabras con un exceso de tensión física

– Repeticiones de monosílabas

 

La aparición de este problema es temprana, entre los dos años y medio y los cuatro en la mayoría de los niños. En una proporción muy alta de los casos el problema va a desaparecer en los primeros años con el desarrollo de las capacidades lingüísticas y de comunicación. Sin embargo, para algunos niños se va a convertir en un problema persistente que puede durar hasta la adolescencia e incluso hasta la edad adulta.

 

El tartamudeo no suele estar presente en todas las situaciones en las que el niño habla. De hecho, no va a aparecer cuando el niño lea o cante. La presión del entorno, el tema de conversación o las emociones que el niño experimente al hablar van a determinar el grado de alteración en el habla en ese momento concreto.

 

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