Tradicionalmente, numerosas parejas se han privado de hacer el amor durante todo el embarazo aduciendo que el acto sexual es peligroso para el feto. Desde hace unos años se ha tratado de eliminar esta idea y animar a los futuros padres a continuar con su vida sexual con normalidad durante el embarazo. Ambas actitudes han generado un gran malestar en muchas de las parejas, considerando la sexualidad un aspecto casi tabú durante los embarazos. Si bien es cierto que no existe ninguna razón para que las parejas que están esperando un hijo se priven del coito, si es necesario ajustar las expectativas durante este periodo para no generar malestar. El embarazo es un periodo diferente en la vida de una mujer, tanto a nivel biológico como psicológico, y por lo tanto, es normal experimentar cambios en las relaciones sexuales durante este periodo.

En términos generales, durante el primer trimestre del embarazo es importante tomar ciertas precauciones en el plano sexual de la pareja. Se considera que durante este período la pareja puede hacer el amor pero de una manera espaciada y con cierta precaución. De hecho, de manera casi natural, las relaciones sexuales de la pareja suelen sufrir un apaciguamiento en los primeros meses del embarazo. La mujer en esta etapa se siente cansada y su cuerpo está sufriendo importantes reajustes hormonales. Este fenómeno es natural y no debería ser motivo de preocupación.

Sin embargo, durante el segundo trimestre (del tercer o cuarto mes al sexto o séptimo) no existe ningún riesgo para el feto cuando se mantienen relaciones sexuales ya que el líquido amniótico le protege. De hecho, es muy frecuente que durante este período se viva una sexualidad más placentera. Debido a los cambios hormonales que experimenta la mujer en esta etapa, sus zonas erógenas se encuentran más sensibles y ha quedado atrás el cansancio de los primeros meses lo que le hace sentirse plena nuevamente.

Durante el último trimestre del embarazo, es posible que el pene llegue a tocar la cabeza del bebé en la penetración. Este hecho que provoca miedos, no supone ningún riesgo para el bebé y por lo tanto no existe ninguna razón para que se priven del sexo. Entre las seis y las cuatro semanas anteriores al parto, es recomendable nuevamente tener precaución con las relaciones sexuales. El coito puede provocar un adelanto del parto y si la bolsa de líquido amniótico se ha fisurado aumenta el riesgo de que la mujer sufra infecciones.

 En definitiva, el embarazo es una etapa nueva y diferente en la vida de una pareja que implica adaptarse a los cambios que esto supone. Entre otros, van a aparecer cambios en la vida sexual que no deben convertirse en un motivo para la preocupación. Durante el embarazo se puede continuar teniendo relaciones sexuales plenas y cada pareja debe encontrar la manera de adaptarse a todos los cambios que se experiementan en cada etapa del embarazo y que cada persona puede vivir de una manera diferente.

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