Los bebés nacen con un grupo de reflejos (conductas innatas que se disparan ante un estímulo concreto) que le van a ayudar a sobrevivir los primeros meses como son el reflejo de succión o el estornudo. Sin embargo, hay otro grupo de reflejos que aparece en todos los bebés sanos y con los meses desaparece y no se conoce la función que desempeñan.

reflejos en el bebe

En las evaluaciones que realicen los primeros meses a los bebés se comprobarán que aparecen ya que sí se conoce que son indicador de salud y, en el caso de este grupo concreto de reflejos, en las evaluación posteriores comprobarán que ha desaparecido.

El reflejo de Babinsky

El reflejo de Babinski consiste en una respuesta de extensión de los dedos del pie en forma de abanico – separando el dedo gordo del pie – cuando se realiza una suave presión del talón a los dedos del bebé. Al contrario que con otros reflejos que aparecen en los recién nacidos, el reflejo de Babinski no se conoce la función que realiza.

Esta respuesta involuntaria está presente en todos los bebés, y desaparece con el normal desarrollo del niño generalmente hacia los ocho o doce meses de edad. Un examen médico puede revelar un daño en las vías nerviosas que contectan la médula espinal y el cerebro – llamado fascículo corticoespinal -. Este tipo de lesiones van a causar dificultades de coordinación, debilidad y falta de control muscular.

En el caso de encontrar el reflejo de Babinski en niños mayores de dos años, es necesario un exámen médico que determine la causa o tipo de lesión que subyace para comenzar cuanto antes con el tratamiento más adecuado.

El reflejo de prensión palmar

Otro reflejo que aparece en los bebés y que con el desarrollo del Sistema Nervioso desaparecerá, es el reflejo de prensión palmar. El bebé responde cerrando los dedos – como si intentara agarrar el objeto que le estimula – cuando algo toca el pie cerca de la base de los dedos.  La función de esta conducta de los bebés es desconocida pero, al igual que el reflejo de Babinski, la presencia de este reflejo en niños mayores de dos años es signo de lesión neurológica y, por lo tanto, requiere de una revisión médica que determine el problema subyacente.

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