¿Cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios?

Si queremos lograr que nuestros hijos adquieran un buen hábito de estudio e interés por el aprendizaje, es interesante que realicemos un seguimiento de cómo van llevando a cabo sus tareas escolares. Desde luego, no se puede tratar de una persecución continua que acabe convirtiendo el estudio en una tarea obligada y aburrida, pero sí podemos mostrar nuestro interés por los horarios, las dificultades y los avances que se van logrando.

 

Ten en cuenta la edad

Por supuesto, el seguimiento debe ir adaptado a la edad de nuestro hijo. Cuanto más pequeños sean más de cerca debemos realizar el seguimiento de su estudio y sus tareas, a medida que se van haciendo mayores, debemos de ir proporcionandole una mayor autonomía para que sea él mismo el que decida su propio ritmo y horarios.

 

El objetivo sería conseguir que nuestros hijos empezaran a ser autónomos y responsables de su propio aprendizaje cuando comienzan la educación secundaria, en torno a los 12 ó 13 años, y que finalicen ésta con una completa autonomía para decidir acerca de sus horarios, técnicas y momentos para estudiar. Esto no quiere decir que a partir de una determinada edad los padres queden al margen, sino más bien, de tratar a su hijo como un adulto y por lo tanto, de realizar el seguimiento a través de la propia conversación, viendo qué le gusta más, qué menos, qué le gustaría continuar estudiando, etc.

madre ayudando en estudios

 

Para lograr este objetivo, durante la educación primaria (entre los 6 y los 12 años) trataremos de proporcionarle un ritmo adecuado de estudio y unos hábitos adecuados. En estas edades, el horario no puede ser establecido por el propio niño, sino que deben ser los padres los que establezcan los tiempos de estudio, juego, aseo, alimentación… Aunque hay que adaptarse a las circunstancias siendo flexible, es importante que el niño tenga un marco estable de manera que, con el paso de los años, él mismo pueda marcarse las pautas. A partir de los 12 años, podremos ir dejándole mayor autonomía, para decidir los tiempos de descanso, de estudio y los períodos en que debe intensificar sus horas de trabajo por estar en periodo de exámenes.

 

En el caso de detectar dificultades de estudio, concentración o falta de hábitos, será necesario proporcionarle los apoyos necesarios. Para ello, podremos consultar al Orientador del centro educativo qué opciones pueden resultar más adecuadas para nuestro hijo: apoyo de los propios padres, apoyo de un hermano, apoyos en el propio centro escolar, refuerzo a través de clases particulares o, llegado el caso, atención por un especialista.

 

¿Qué debemos conocer?

Es importante conocer qué examenes tienen a la vista, si tienen alguna dificultad con alguna materia concreta, cómo se enfrentan al estudio y cómo valoran el centro escolar. Según la edad, debemos marcarles el horario de estudio, facilitando la adquisición de un hábito diario de estudio, así como los descansos y el lugar de estudio, generando un ambiente adecuado en casa.

Además, no podemos olvidarnos de otros aspectos de la vida de nuestro hijo en el colegio. Conocer sus relaciones con los compañeros, qué posición suele ocupar en clase (líder, charlatán, gamberro, empollón…) y ver cómo eso está afectando a la identidad que está construyendo sobre sí mismo.

 

Para lograr estar al día y conocer el avance de nuestros hijos es fundamental mantener una adecuada relación con el centro educativo a través de las reuniones períodicas que se establezcan, contactos telefónicos o electrónicos e incluso, a través de anotaciones que se pueden realizar en la propia agenda de nuestros hijos.

 

¡Sin agobiar!

Realizar un seguimiento del avance en los estudios de nuestros hijos, es un elemento de prevención de un posible fracaso escolar. Sin embargo, si lo realizamos como una persecución, sin flexibilidad y sin dejar desarrollar la propia autonomía de nuestro hijo, lo único que podemos conseguir es que acabe considerando el aprendizaje y los estudios como una carga y una amenaza. Llegados a este punto, el fracaso y el abandono escolar son mucho más probables. Además, si no le permitimos que desarrolle su propia responsabilidad y autonomía sobre su trabajo lo que conseguiremos es que nuestro hijo sea muy dependiente de nosotros, incapaz de tomar sus propias decisiones.

 

 

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