El modelo educativo más tradicional siempre ha promovido un estilo de escuela y de aula. Si viajáramos a la Edad Media a visitar una escuela, aunque habría muchas diferencias en cuanto al acceso a la educación, la estructura de la clase y forma de impartirla no se diferenciaría mucho de una escuela tradicional actual. Alumnos en su pupitre, mirando hacia delante a un profesor que imparte un conocimiento cerrado que los alumnos tienen que memorizar para aprobar.

profe con alumnos

Hoy en día, muchas escuelas han optado ya por cambiar este modelo tradicional, pero todavía nos cuesta abrir la mente y pensar otros modelos de educación más participativos donde los niños puedan desarrollar todo su potencial.

Pensamos que un profesor tiene que saberlo todo sobre la materia que imparte. Su labor, como “sabedor de todo” es explicarlo y que los alumnos lo aprendan. Sin más. ¿Qué pensaríamos de un profesor que de repente contesta a un alumno: “No lo sé, qué te parece si lo buscas y lo compartes en clase”? Quizás pensaríamos que es un profe novato, que no tiene ni idea y que espera que sus alumnos hagan su trabajo por él. Pues bien, a mi ¡me encanta!

Un profesor se debe convertir en un guía, en una persona que ayuda a sus alumnos a aprender y conocer todo aquello por lo que se interesan. Deben ser “hacedores de preguntas” que despierten más su inquietud y la capacidad innata de investigadores que todos los niños tienen.

Cuando un profesor se sitúa como la única persona que sabe en el aula está bloqueando la capacidad de pensar de sus alumnos.

Si el profesor plantea un tema y no lo explica, no da todo el conocimiento hecho si no que propone una investigación a sus alumnos para averiguarlo entre todos, está abriendo las puertas a la reflexión, la imaginación y la creatividad.

A menudo, un profesor piensa que la autoridad se gana con el conocimiento. Si yo soy el que lo sabe, soy el que tiene la autoridad en el aula. Sin embargo, la autoridad se refiere al respeto a unas normas y a ser la persona que guía la actividad en el aula, pero no es necesario imponer el miedo.

Me da mucha pena cuando muchos niños me cuentan que no levantan la mano en clase por miedo a equivocarse. ¿Qué clase de educación es esta en la que se cohibe la participación?

En el libro Coaching Educativo de Coral Lopez y Carmen Valls se explica muy bien esta propuesta. Explican que a menudo queremos aulas silenciosas, bajo control. Pero un aula con ruido ¿no puede significar un grupo activo involucrado en una tarea?

Por eso, me encantan los profesores que no lo saben todo. Me encantan los que hacen muchas preguntas a sus alumnos, los que devuelven las preguntas para que ellos mismos lo investiguen. Me encantan los profesores que no tienen miedo a no saberlo todo, que escuchan a sus alumnos y que admiten sus errores. 

Y a ti, ¿Cómo te gustaría que fueran los profesores de tus hijos?

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