Las primeras semanas del bebé

 

El recién nacido pasa la mayor parte del tiempo durmiendo. En el primer mes, el bebé duerme de 16 a 20 horas al día, interrumpiendo el sueño cada tres o cuatro horas para comer. En los primeros días el ritmo suele ser más irregular y normalmente el niño se va adaptando a comer siguiendo un ritmo y suele interrumpir su sueño para llorar cuando percibe la sensación de hambre. La sesión de alimentación dura en torno a los veinte minutos, cuando termina, el bebé suele permanecer unos minutos despierto mientras va cayendo en un ligero adormecimiento.

 

recien nacido

Según van avanzando las semanas, el bebé puede prolongar cada vez más los espacios entre las comidas, permitiendo que la persona que se encarga de su cuidado pueda descansar. Para lograr que el bebé vaya siendo cada vez más regular y con un mayor espacio temporal entre comidas – sobre todo por la noche – es fundamental que se le proporcione al niño un horario de rutinas en sus actividades. Los adultos somos capaces de autorregular nuestros ritmos con más o menos facilidad, de manera que podemos estar un día largas horas sin comer y realizar una comida más copiosa después sin que esto afecte a nuestros ritmos diarios de comidas (siempre que sea un hecho puntual). Sin embargo, los bebés en sus primeros días, son muy sensibles al desorden, de manera que si le damos las tomas a cualquier hora y no respetamos sus tiempos de sueño, después, no lograremos regularizar sus ritmos y tan pronto necesitará comer dos o tres veces durante la noche, como dormirá durante seis horas seguidas por el día.


Lograr que el bebé tenga unos ritmos biológicos adecuados no es solamente sano para el bebé, sino también para el cuidador quien podrá tener sus tiempos de descanso y cuidar al bebé con un estado de ánimo más positivo.

 

Otra función que hay que atender del bebé es la eliminación de residuos. El niño, no va a tener un control voluntario de sus esfínteres hasta cerca del tercer año de vida cuando el niño aprenda a acumular los residuos y eliminarlos de forma voluntaria cinco o seis veces durante el día. El bebé, sin embargo, puede llegar a orinar entre quince o veinte veces al día y defecar hasta siete u ocho. Pasadas las semanas este ritmo se va regularizando hacia un ritmo normal de dos o tres defecaciones al día.

 

Los estudios psicológicos han identificado cinco estados distintos por los que pasa el bebé cada día:

 

Sueño regular: el bebé se muestra tranquilo, no mueve los brazos y respira de forma regular. Se pueden mover sus miembros sin que éstos ofrezcan resistencia, muestra un gesto relajado, no mueve los ojos y los mantiene cerrados.

 

Sueño irregular: el bebé tiene los ojos cerrados aunque los mueve si observamos sus párpados, su respiración es agitada y puede mover las extremidades y aparecer gestos en la cara. Si tratamos de mover sus brazos o sus piernas éstos pueden presentar mayor resistencia.

 

Inactividad alerta: se encuentra así cuando vemos que el bebé está relajado y quieto pero con los ojos abiertos explorando el ambiente.

 

Actividad despierto: el bebé se mueve, a veces, de forma brusca y puede producir gruñidos o pequeños ruidos. Tiene una respiración irregular y con los ojos abiertos explora el ambiente.

 

Llanto: el bebé tiene los brazos y piernas más rigidos mientras llora con más o menos intensidad. La cara se enrojece y deja de atender a lo que sucede en su ambiente.

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