¿Qué ocurre en la adolescencia? La relación con nuestro pequeño era perfecta hasta que llegó la complicada edad del pavo. De repente parece que nuestro hijo se aleja de nosotros, que no le entendemos, que todo se ha puesto patas arriba. ¿Qué podemos hacer los papás para mejorar la relación en esta etapa?

Adolescente con su madre

Las características de la adolescencia hacen que la relación con nuestro hijo se vuelva más difícil en esta etapa. Sin embargo, darlo por perdido no es una buena solución, nuestro hijo necesita más que nunca tener un clima de respeto y comprensión en casa. Además de una buena dosis de paciencia y empatía, algunas recomendaciones pueden ser útiles para mejorar la relación con tu hijo en la adolescencia: 

1. No interpretes el comportamiento de tu hijo como algo personal

Aunque a veces parezca que nuestro hijo hace las cosas “solo para fastidiar“, trata siempre de ir más allá e intentar comprender las verdaderas razones de su comportamiento. Antes de pensar que está en tu contra, hazte  algunas preguntas como estas:

  • ¿Consigue más atención mia con este comportamiento?
  • ¿Con esto muestra su necesidad de autoafirmarse y de independizarse?
  • ¿Consigo que deje de hacerlo si me enfado? ¿Puedo hacer otra cosa?
  • ¿Sabe cuál es el comportamiento alternativo? ¿Le digo cuando lo hace bien?

2. Escucha sus problemas y tómale en serio

A menudo nuestros hijos adolescentes tratan de contarnos sus preocupaciones y no los tomamos en serio o las ridiculizamos con frases como “ya tendrás problemas de verdad cuando crezcas”, “eso se pasa, cuando seas mayor lo entenderás” o “hijo, preocúpate por lo que de verdad es importante (importante para nosotros como padres, no para ellos)” Esto solo lleva a que nuestros hijos se comuniquen cada vez menos con nosotros o, lo que es peor, a que de verdad crean que no son importantes perjudicando su autoestima  y su identidad. Si tu hijo te cuenta un problema, escúchale de forma abierta y déjale -por supuesto- que sea él quien lo solucione.

3. Negocia las normas y los límites

Por supuesto, nuestro hijo necesita unas normas y unos límites claros y coherentes que le permitan saber qué está bien y qué no lo está. Pero estas normas, que deben ser conocidas por nuestros hijos, deben tener un cierto margen de negociación que permitan que nuestro hijo tome sus propias decisiones, priorice y comparta las decisiones que le afectan a él.

4. Comparte con tus hijos tus propios problemas y tus vivencias

Un error frecuente de los padres es considerar que el hijo nunca debe ver que sus padres tienen algún problema. No se trata de contarle con detalles los problemas económicos, de pareja o familiares, pero sí de compartir con ellos pequeñas vivencias diarias, como una discusión con un compañero de trabajo, la preocupación por un acontecimiento familiar o los deseos de cambiarse de casa. Si queremos que nuestros hijos compartan con nosotros sus vivencias, ¿por qué no empezar nosotros?

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