En las familias con padres autoritarios las normas y las decisiones se toman sin espacio para el debate y la participación.  Los padres tratan de imponer a la fuerza una autoridad incuestionable. Los padres autoritarios pueden confundir educación con autoridad y por ello considerar que el único modo de educar a sus hijos es a través de normas establecidas bajo su único criterio.

En ocasiones se ha confundido el estilo autoritario con familias con normas excesivamente duras y estrictas. Aunque puede ser el caso, no necesariamente tienen que ser normas muy exigentes sino más bien, normas poco flexibles que son vistas por los hijos como inamovibles y que, generalmente, los hijos aceptan como una imposición externa.

madre regañando

La manera cómo los padres con un estilo educativo autoritario tratan de controlar el comportamiento de sus hijos es a través de la represión y utilizan el castigo como modo básico de resolución de los problemas en el hogar. La comunicación en este tipo de familias es unidireccional, es decir, únicamente se comunican padres con hijos, sin dejar espacio para que éstos se expresen. La comunicación, además, se basa fundamentalmente en la imposición de órdenes. La relación que se establece con los hijos en este tipo de familias suele ser distante y poco afectiva. Los padres, ocupados por mantener el orden, no tienen tiempo para el apoyo y el contacto afectivo.

Este estilo educativo puede dar como resultado dos posibles reacciones contrarias en los hijos:

– Los hijos sometidos a este tipo de educación puede reaccionar con retraimiento e inhibición, convirtiéndose en jóvenes sometidos a las normas, dependientes de otros que les digan lo que tienen que hacer y preocupados por complacer a los demás olvidando sus propias necesidades.

– O, por el contrario, pueden reaccionar con un enorme deseo de transgedir normas, desafiando siempre a la autoridad y considerando que ésta es injusta y perversa. En este caso, aparece el deseo de alejarse del nucleo familiar y de buscar la independencia y la permisividad.

El estilo autoritario tiene una grave consecuencia en el desarrollo de los principios morales en nuestros hijos. Sometidos a una autoridad impuesta, el niño puede no aprender principios morales básicos, diferenciando siempre lo que está bien de lo que está mal por criterios externos. Esto se puede ver más claro cuando le preguntamos a un adolescente por qué robar está mal. Si ha desarrollado adecuados principios morales, probablemente nos responderá que porque le quitamos a otra persona lo que es suyo o porque le hacemos sufrir; sin embargo, el niño sometido a la autoridad y acostumbrado a hacer esto o lo otro según normas externas, probablemente nos responderá que robar está mal porque un policia te puede meter en la cárcel.

En definitiva, el estilo autoritario suele tener consecuencias negativas en el desarrollo del niño. Suelen ser adultos con pocas habilidades sociales, con baja autoestima y poco reflexivas en sus actos.

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