Junto con el sueño, la alimentación es una de las grandes preocupaciones de los padres los primeros años. Y es que todos sabemos que, enseñar a comer bien es un legado para toda la vida. No solamente queremos que coman, además queremos que coman sano y con horarios. Sin embargo lo que conseguimos es que la hora de la comida se convierta en una guerra cruzada. Hay todo tipo de métodos para conseguir que nuestro peque coma y la mayoría son malos o muy malos a largo plazo. ¿Quieres saber por qué?

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La mayoría de los “métodos caseros” para conseguir que los niños coman se basan en el castigo, el chantaje y en los premios.

  • Si te comes dos cucharadas más, de postre te doy chocolate
  • Venga, ésta por papá y esta por mamá
  • O te terminas el plato o te quedas sin bici esta tarde

¿Te suena? Gracias a estas fórmulas tradicionales conseguimos que la comida se convierta en algo bastante negativo. Los peques aprenden que la hora de la comida es una obligación y lo que es peor, acaban comiendo cosas con asco para conseguir que mamá no se enfade. Esto, a la larga se convierte en un mal hábito de alimentación aunque en el momento puntual hayamos conseguido que “se meta” dos cucharadas de lentejas en la boca. Además, si el premio final es chocolate lo que conseguimos es que les guste aún más el chocolate y aborrezcan aún más el plato que se “han tenido” que comer para lograrlo.

Y todo esto, en el mejor de los casos, porque cuando obligamos a hacer algo lo más natural es que se ofrezca resistencia. Por eso, la comida se convierte en el peor momento del día. Tú insistes en que coma bien y él insiste en oponerse a ello. Es una guerra.

La comida debería ser un placer. Enseñar a nuestros hijos a saborear la comida, a comer sano y a disfrutar comiendo es un gran regalo. ¿Te digo cómo?

1. Siéntate a comer con él

Esto es fundamental. Olvida las tronas con bandeja (es el peor invento para enseñar a comer) y olvida diferenciar sus horarios de comidas de los tuyos. En la medida en que podáis integrad vuestros horarios de comidas con los de vuestros hijos. Pero no digo sentarse a su lado mientras come, digo sentarse todos juntos a comer a la vez, cada uno en su sitio, con su plato y sus cubiertos y a ser posible con la misma comida para todos. Por supuesto apaga la tele y aprovecha ese tiempo para hablar, que generalmente tenemos pocos ratos.

Esta costumbre sencilla es simplemente la mejor para enseñarle a comer bien (eso sí, si tú también comes bien!). El peque va a disfrutar mucho más así de la comida, comerá por imitación (te ve comer y come lo mismo) y lo que es mejor aprenderá a comer sólo antes. Como todos estáis comiendo a la vez vas a tender a ayudarle a comer mucho menos y él pedirá menos ayuda.

¿Sabes por qué los peques suelen comer mejor en el cole que en casa? La razón es fácil, porque comen todos juntos. Si en el cole les sentaran de uno en uno a comer también sería una guerra.

Este método sólo tiene ventajas. Vas a ahorrar tiempo al no tener que dedicar un tiempo durante el día a sentarle a él a comer y después hacerlo tú. Sólo por la inercia y la imitación va a comer más, mejor y de forma más independiente. Y lo mejor de todo, la comida no se va a convertir en un suplicio para él, sino en un momento divertido en el que compartir tiempo con sus padres. 

2. Come lo mismo (o casi)

Ya lo señalaba en el punto anterior, hay que comer lo mismo. Excepto alergias y otras razones médicas lo ideal es hacer un único menú para toda la familia. Si os vais a sentar juntos por supuesto no puedes ponerle una crema de verduras a él y tú comer un huevo frito.  De esta manera te vas a dar cuenta que a veces, les pedimos que coman cosas que ni nosotros comeríamos y ellos van a aprender a comer por observación, el mejor y el más eficaz de los métodos.

3. Organiza las comidas (rutinas, lugares, horarios, etc)

No se puede aprender a comer bien si mientras estoy jugando mamá me va dando cucharaditas de puré. Las comidas tienen que ser más o menos a la misma hora, más o menos en el mismo sitio y más o menos de la misma forma. Lo ideal es sentarse en una mesa, con una silla o trona sin bandeja (para que coma en la misma mesa que el resto de la familia) y evitar cualquier objeto que pueda distraer alrededor (nada de juguetes en la mesa)

Un error común es tratar de hacer más divertida la comida dejándoles que jueguen a la vez que comen. El problema de esto es que conseguimos que la comida pase a un segundo plano, nos enfadamos y acabamos quitándoles el juguete que previamente le habíamos permitido. De esta forma, la guerra está servida.

alimentación saludable

4. Evita las recompensas y los castigos

Como decía al principio el peligro de castigar o recompensar por comer es que hacemos que determinados alimentos se aborrezcan y otros se conviertan en todavía más apetitosos. Por supuesto que se puede disfrutar de un helado, y saborear un bizcocho de chocolate, pero nunca como recompensa por haberse comido una pieza de fruta.

5. Nunca le obligues a comer

A no ser que haya un motivo médico, nunca le obligues a comer. No le obligues a comer cosas que no le gusten o le “metas” dos cucharadas más. Obligar es el peor método para aprender. Si no quiere una fruta pártela con formas divertidas, inventa una historia, enséñale de dónde nace o prueba a dársela en otro momento del día pero no le obligues.

6. Enséñale a saborear la vida

A menudo con los agobios de enseñarles a comer bien nos olvidamos de enseñarles a disfrutar de comer. Permíteles que cocinen, que experimenten y que prueben todo tipo de sabores. Si tienes la oportunidad déjales que cojan fruta de un árbol y la saboreen en el momento. Haced helados, chucherías caseras, tartas de chocolate. Comer es un placer. Disfrutadlo juntos.

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