Los padres con hijos de entre 2 y 3 años suelen sufrir con frecuencia muchas rabietas de sus hijos. ¡Son desesperantes! Muchas veces aparecen cuando menos tiempo tienes, o en los peores momentos (al pagar en el supermercado, en un autobús lleno de gente, cuando se llega tarde a un sitio…) Y desde luego, suele acabar con la paciencia de los padres.

Las rabietas, aunque son desesperantes, hay que decir que son normales y no deben ser motivo de preocupación de los papás. Suelen empezar a aparecer entre los 12 y 18 meses, se agravan y aparecen con más frecuencia entre los 2 y 3 años y van descenciendo hasta los 5 años.

¿Por qué tienen rabietas?

Las rabietas aparecen cuando el peque empieza a ser consciente de su independencia. Es una forma de autoafirmación y de conseguir lo que desean. Se trata de una forma de probar los límites. No se trata de que tengan maldad ni quieran ponernos a prueba. Con 2 años no son capaces de regular adecuadamente sus emociones, sienten que quieren algo y si no lo consiguen llorarán.

Las rabietas suelen darse cuando se niega algo al niño que él desea, y, al quedarse sin estrategias para lograrlo, reacciona con patadas, gritos y llantos.

Es la manera que los niños tienen de mostrar la ira. Es muy importante reaccionar adecuadamente ante este comportamiento ya que, además de lograr una convivencia más pacifica en el hogar, estaremos enseñando a nuestro hijo a saber manejar sus emociones en el futuro.

1º. Prevenir la rabieta

No hay duda de que lo mejor que podemos hacer para afrontar una rabieta de nuestro hijo es conseguir que la rabieta no se dé. Los padres somos las personas que mejor conocemos a nuestro hijo y, a menudo, sabemos qué es lo que va a “sacar de quicio” a nuestro hijo. Lo mejor que se puede hacer con las rabietas es evitar que sucedan. Pero, ¿significa esto que tenemos que aceptar y consentir todos los deseos y peticiones de nuestros hijos? Evidentemente, la respuesta es NO.

Lo primero que debemos prevenir es asegurarnos de que siempre ha comido lo suficiente, ha desca

Las rabietas no suceden porque digamos que no a una petición de nuestro hijo. Las rabietas se suceden porque nuestro hijo no entiende por qué le decimos que no. Si acostumbramos a nuestro hijo a tomarse una piruleta todos los días al salir del colegio y, un buen día, después de haber leído un artículo muy interesante acerca de la salud dental, nosotros decidimos que es mejor que nuestro hijo no tome más piruletas y por lo tanto, al salir del colegio le decimos que no le vamos a comprar más piruletas, lo más probable es que reaccione con una buena rabieta. Sencillamente le han quitado algo que él cree que tiene derecho y encima, no sabe por qué. Esta situación se podría resolver, por ejemplo, así:

Le compramos a nuestro hijo una piruleta, y, mientras se la está tomando le contamos que a una amiga nuestra le tuvieron que quitar varios dientes porque el dentista decía que comía muchas piruletas. Le contamos también que las piruletas tienen unos “bichos” muy pequeños que se quedan en la boca para comerse los dientes, porque se alimentan de eso. Ante esta historia, el niño seguramente no volverá a pedir más piruletas -puede que  ni siquiera se acabe la que se está tomando ese mismo día- pero incluso, aunque pasados unos días se le olvide la historia y nos pida más piruletas, siempre podemos recurrir a decirle: ¿estás seguro de querer que compremos esos “bichitos” que se meten en la boca para comerle los dientes a los niños?.

De esta manera, habremos evitado una buena rabieta, habremos potenciado la capacidad para tomar decisiones propias de nuestro hijo y no sentirá envidia de los demás niños que comen piruletas. ¡Él sabe por qué son malas!

2º Ante la rabieta

No siempre podemos evitar las rabietas. Las rabietas son, algunas veces, la manera que tienen nuestros hijos de probar los límites y lograr sus objetivos. Por lo tanto, cuando no podamos evitar una rabieta, la regla de oro es: “Ante una rabieta, NUNCA dejar que nuestro hijo logre sus objetivos

Si nuestro hijo se tira al suelo porque quiere ver su peli favorita a la hora de irse a bañar, y finalmente, nosotros cedemos y le ponemos la peli para que la vea, le bañamos tarde y le acostamos dos horas más tarde de lo que debía; lo más probable es que al día siguiente vuelva a tirarse al suelo cuando le digamos que tiene que irse a bañar.

Nuestro hijo ha aprendido que las rabietas son útiles, y por lo tanto, lo volverá a hacer -y cada vez peores- siempre que quiera algo que se le deniega.

Por lo tanto, ante una rabieta, explicamos a nuestro hijo con voz tranquila y serena que, con esa actitud nosotros no vamos a escucharle, que trate de calmarse y nos ponemos a hacer otra cosa. En un primer momento nuestro hijo se enfadará más, poniendonos a prueba si cedemos, ¡ja! ya sabrá para la próxima que puede gritar más fuerte cuando no le hagamos caso. Sin embargo, si continuamos haciendo otra cosa y le recordamos con voz baja y serena que así, no le vamos a escuchar, tras unos minutos de rabieta, se cansará y se tranquilizará, habiendo aprendido una valiosa lección: La rabieta NO me sirve.

2 Comments on ¿Qué puedo hacer ante una rabieta?

  1. Muchas gracias por el articulo, mi hijo no para de coger rabietas. Me han dicho que esta en esa edad en que las rabietas son normales, pero es que no puedo ni llevármelo al supermercado porque me monta cada una que ya no sé que hacer. Voy a intentar hacer lo que decís a ver qué tal.

    • Gracias Elena. Las rabietas son normales, sobre todo es importante entender que nuestro hijo no es malo, sencillamente, todavía es muy pequeño para saber regular sus emociones. ¡Está aprendiendo!
      Espero que tengas suerte con el supermercado, si no, ya sabes, como en el anuncio te tiras al suelo con él y ya verás como se le pasa. 🙂 Un abrazo.

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