Muchos padres se preguntan si su hijo no tiene en cuenta a nadie cuando observan como es incapaz de dejarle hablar un momento con otra persona, o no consigue explicarle que espere unos minutitos a que termine de ver el final de una película antes de ponerle sus dibujos. Se preguntan si su hijo se estará convirtiendo en un desconsiderado cuando no responde a una pregunta de otra persona o no le da las gracias por el regalo que acaba de recibir.

ponerse en el lugar de otro

Pues bien, no hay que preocuparse en exceso por todas estas cosas. Los niños tienen que aprender algo muy importante y que va a marcar un hito en sus relaciones con los demás y es aprender a adoptar el punto de vista del otro. Los niños en la primera infancia (entre 2 y 6 años) ya tienen conciencia de sí mismos: saben que tienen un nombre, que son diferentes de los demás, que tienen una familia, etc. pero no saben que los demás también tienen su propia conciencia con sus propios pensamientos y sentimientos. Y es que aprender esto, es fundamental para relacionarnos con los demás.

Esto se ve claramente en conversaciones que podemos tener con una niña de 3 años:

  • “Hola María, ¿tienes hermanitos?”
  • “Sí”
  • “Y ¿Cómo se llama tu hermanito?”
  • “Pablo”
  • “¿Y Pablo tiene hermanitos?”
  • “No”

Los niños de 3 o 4 años, están todavía aprendiendo mucho sobre el funcionamiento de su entorno, y sólo son capaces de entender las cosas desde su punto de vista:

Cogemos un muñeco y una caja roja y una azul, se lo enseñamos a María y a Pablo y les decimos: ¡Qué muñeco tan bonito! ¡Vamos a meterlo en la caja roja! Después, le pedimos a Pablo que se marche y jugando con María le decimos: ¿Te parece que cambiemos el muñeco a la caja azul?

Si una vez que hemos metido el muñeco en la caja azul le preguntáramos: María, ¿dónde buscará el muñeco Pablo en la caja azul o en la roja? María, seguro que contestaría: ¡en la caja azul! 

María sabe que el muñeco está en la caja azul, así que, ¿por qué Pablo iba a buscar el muñeco donde realmente no está? 

Esta especie de sinceridad o inocencia característica de los niños, realmente es la consecuencia de que ellos todavía no saben ponerse en el lugar del otro, “pensar como si fueran ellos”. Por eso, al igual que aquí María nos produce mucha ternura por su inocencia, igual ella no podría respetar que su papá estuviera hablando por teléfono cuando ella quiere agua.

¿Quiere decir esto que no debemos pedirles que esperen a que terminemos de hablar por teléfono? Por supuesto que no, María está aprendiendo, y necesita la experiencia para comenzar a comprender que los demás también tienen su propio punto de vista. Pero, aunque se lo digamos, ¡no podemos pensar que son unos desconsiderados! Con el tiempo irá entendiendo que los demás también tienen sus propios pensamientos, ideas y necesidades y podrá pensar “como si fuera él”. Habrá desarrollado lo que los psicólogos llamamos la teoría de la mente. Una capacidad necesaria para relacionarnos con los demás.

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