Cuando nuestros hijos son pequeños tienen todo por aprender, a veces, decidir qué pueden aprender y decidir qué no es tan importante puede ser una importante decisión. No queremos que se pierdan nada, pero, a veces, nos pasamos y acaban con una apretada agenda que no les deja disfrutar de la vida. ¿Pueden tener estrés los niños? ¿Cómo lo podemos detectar?

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Pensamos que el estrés es solo cosa de adultos, tenemos mil cosas en la cabeza y no podemos parar. Sin embargo, a veces acabamos pasando nuestro estilo de vida a los más peques y acabamos convirtiendo su día a día en una apretada agenda de actividades y cosas por hacer.

Los papás, con nuestra mejor intención, queremos que los hijos aprendan todo tipo de cosas. Nos encantaría que supiera música, así que le apuntamos al conservatorio; pensamos que sería fantástico que se manejara bien en el agua, así que a natación; sabemos lo importantes que son los idiomas, así que buscamos unas clases de inglés maravillosas… Y a veces convertimos la agenda de nuestro hijo en un montón de actividades a las que hay que ir corriendo, ¡además de las tareas del cole!

Llega el fin de semana y lo cargamos de planes: por la mañana al parque, luego a comer con los abuelos, luego vamos a la exposición, luego a cenar que es el cumple del primo…

 ¿Qué efecto tiene el estrés en los niños?

A veces pensamos que cuanto más cansados lleguen a la hora de dormir, mejor dormirán. Le cuesta mucho dormir, pues a agotarle para que “caiga rendido” por la noche. Pues bien, realmente, esto no es así. Pensemos en nosotros como adultos: ¿cuándo duermes mejor, cuando has tenido un día estresante en el trabajo o cuando has estado en la playa de vacaciones? ¿Qué tal te sentaría una siesta en una plácida playa desierta debajo de una palmera? Es curioso que para nosotros tenemos claro que necesitamos cierta paz para dormir y sin embargo, para los más peques pensamos que cuanto más agotados lleguen, mejor. Pues bien, ¡vamos a borrar esa idea! El estrés, igual que para los adultos, no es nada bueno para los niños:

  • Causa insomnio, dificultad para conciliar el sueño y para mantenerlo durante la noche.
  • Está relacionado con las pesadillas y los terrores nocturnos. Parece que el estar agotado hace que el sueño sea de menor calidad, y de ahí, las pesadillas.
  • Puede producir alteraciones en el apetito. Si el peque está agotado es posible que trate de comer más rápido, o que le cueste mantenerse en la mesa para comer.
  • Falta de atención. Una consecuencia del estrés y el agotamiento es la falta de atención, le puede costar concentrarse en una tarea y puede dejar las cosas sin terminar.
  • Problemas de conducta. En los casos más graves y debido a la irritabilidad que produce el estrés, a la falta de sueño y de atención, se pueden producir problemas de conducta.

 ¿Cómo prevenir el estrés?

Si queremos que nuestros peques vivan tranquilos y felices, y que tengan los suficientes estímulos para que se desarrollen plenamente solo tenemos que echarle un poco de sentido común y dejarles mucho, pero que mucho tiempo para, sencillamente, ¡disfrutar de la vida!

1. Actividades extraescolares sí, pero sin exagerar. Hay que racionalizarlas, si todos los días tiene varias actividades fuera del colegio, entonces seguro que es demasiado. El ocio está para disfrutarlo, una o dos actividades seguro que es suficiente para no llevar una agenda agotadora. Hay que tener en cuenta que necesitan, además del tiempo de colegio, mucho tiempo para jugar, para pasear, para descansar y para todas las rutinas (comida, baño, sueño).

2. Planes sencillos para disfrutar. Los niños no necesitan planes complicados para disfrutar de su tiempo, salir fuera si hace buen tiempo o pasar la tarde haciendo un puzzle pueden ser planes perfectos para pasar el fin de semana.

3. Mucho tiempo para jugar con papá y mamá. El juego es fundamental para el desarrollo pleno de los peques, necesitan desplegar toda su imaginación, ensayar situaciones y relacionarse con los demás.

4. Enséñale a disfrutar de la vida: Las cosas más divertidas pueden estar en las pequeñas cosas: inventarse una canción, bailar o buscar tesoros en un jardín pueden ser actividades muy gratificantes.

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