“Cuando nuestros hijos aprenden copiando lo que ven”

 

Se podría decir que la imitación es una de las maneras que nuestros hijos más utilizan para aprender a comportarse, y sin embargo, es la manera a la que los padres suelen prestarle poca o ninguna atención. Generalmente, cuando se habla de “educar a nuestros hijos” la imagen que se nos viene a la cabeza es a un padre o una madre sermoneando a sus hijos. Todas las investigaciones científicas realizadas al respecto demuestran que, el discurso de los padres puede ser el método menos efectivo para enseñar a comportarse a sus hijos, sobre todo, cuando éste no va acompañado de un modelo adecuado de comportamiento.

 

Imaginaos una escena en la que un padre está con su hijo en un parque. El padre que está relajado y disfrutando del paseo junto a su hijo decide entrar a comprar unas patatas y dos bebidas para premiar a su hijo. Cuando acaban las patatas, el padre, que no encuentra una papelera cerca decide tirar disimuladamente la bolsa de patatas en una esquina. Al rato, el niño que ha observado a su papa termina el zumo, y decide tirarlo al suelo y continuar su paseo. El papa, muy concienciado con la importancia de educar a su hijo, se enfada enormemente y se pregunta quién le habrá dicho al niño alguna vez que se pueden tirar las cosas por la calle, ¡con lo bien que se estaba portando!

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Esta escena, que parece de un padre poco coherente, es mucho más frecuente de lo que imaginamos. La mayoría de nuestros comportamientos los realizamos sin pensar siguiendo ciertas rutinas y costumbres de las que somos poco conscientes. Sin embargo, sí observamos los comportamientos de nuestros hijos y les decimos verbalmente lo que está bien y lo que está mal.

 

Nuestros hijos, sobre todo en su primera y segunda infancia, consideran que sus padres “saben todo” y “todo lo hacen bien”, no cuestionan sus acciones. Solo cuando llegan a la adolescencia pueden entender ciertos razonamientos éticos y regular su propia conducta, cuestionando las reglas impuestas y los comportamientos de los padres. Por ello, durante la infancia copiar a los padres se convierte en una forma sencilla de aprender comportamientos muy complejos.

Comportarse de una manera, y tratar de conseguir que nuestro hijo se comporte de otra a través de instrucciones verbales es un aprendizaje verdaderamente difícil para un niño pequeño. Lo que le llega son instrucciones contrarias entre sí, incoherentes, y por tanto, difíciles de llevar a la práctica. Por eso, lo primero a lo que tenemos que atender cuando educamos a nuestro hijo es a nuestra propia conducta cuando estamos con él:

hija imitando a su madre leer

 

– Si gritamos, probablemente, nuestro hijo nos gritará

– Si tenemos la casa desordenada, probablemente nuestro hijo no ordenará su habitación

– Si hablamos con insultos, seguramente nuestro hijo insultará

– Si comemos deprisa, es más probable que nuestro hijo no mastique bien la comida.

 

Sin embargo, si utilizamos la imitación natural de nuestros hijos para educarles bien obtendremos fantásticos resultados:

 

– Prueba a decirle a tu hijo que debe mantener ordenada su habitación todos los días mientras que tú recoges la caja de herramientas que has estado utilizando toda la tarde para arreglar un aparato.

– Prueba a discutir con tu pareja en un tono adecuado cuando tu hijo esté presente, después

podrás decirle que no es necesario gritar cuando esté enfadado contigo.

– Prueba a explicar a tu hijo lo importante que es reciclar la basura mientras que tiras la basura no orgánica a sus contenedores correspondientes.

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