La depresión infantil es un trastorno emocional que sufren en torno a 2 de cada 100 niños y 10 de cada 100 adolescentes, proporción que ha ido en aumento en los últimos años, según los últimos estudios publicados.

 

Su detección y diagnóstico son fundamentales para poder hacer frente a este trastorno, para ello es necesario acudir en cuanto se detecten los primeros indicios al psicólogo para que inicie una evaluación y diagnóstico cuanto antes, y llevar a cabo el tratamiento más adecuado.

Características clínicas de la depresión infantil

En el diagnóstico se tienen en cuenta la presencia o no de las siguientes características clínicas:

  • Estado de ánimo triste o irritable la mayor parte del tiempo
  • Desinterés o ausencia de placer en actividades agradables para el niño
  • Cambios psicofisiológicos que pueden afectar al sueño y al apetito (por exceso o por defecto)
  • Disminución de la energía, inactividad (le cuesta hacer cualquier cosa)
  • Cambios cognitivos que implican una disminución de la concentración y dificultades para la realización de tareas escolares

Para la evaluación será necesario no solo observar los cambios en el comportamiento del niño, sino también una serie de pruebas psicológicas que permitan valorar todo aquello que es más dificil de observar (autoestima, personalidad, pensamientos acerca de su entorno…)

Evaluación del entorno del niño

Además de la evaluación al propio niño, es necesaria una evaluación del entorno en que se desenvuelve valorando aspectos como: niña con depresion

Otro aspecto a valorar son las situaciones estresantes que el niño ha vivido o está viviendo y que han podido desencadenar la depresión, así como las posibles situaciones estresantes que tendrá que afrontar. Algunas situaciones que pueden desencadenar problemas emocionalesfactores de riesgo– se relacionan con:

  • Separación conflictiva de los padres
  • Periodos largos de hospitalización
  • Cambios de colegio y/o lugar de residencia
  • Pérdida de seres queridos
  • Nacimiento de hermanos
  • Imposibilidad de alcanzar las elevadas exigencias de los padres
  • Situaciones de acoso escolar
  • Sensación de abandono
  • Trastornos psicológicos de algunos de los padres

Aunque estos son factores de riesgo, no para todos los niños son iguales, para unos pueden ser un impacto importante y para otros puede ser una situación más a afrontar. Sin embargo, cabe estar más alerta cuando un niño está sometido a situaciones de estrés para detectar posibles indicios de lo que puede desarrollarse en un verdadero trastorno emocional.

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