En los últimos años se ha venido poniendo el énfasis en la detección temprana del autismo. Los primeros años de aprendizaje de nuestros hijos son críticos para su desarrollo, se puede decir que durante los primeros años los niños son verdaderas esponjas en lo que se refiere a la adquisición de conocimientos y habilidades, cuando un trastorno les impide aprender, las consecuencias a largo plazo pueden ser irreversibles. Por ello, cuanto antes se detecten las dificultades, antes se podrán poner los medios para afrontar dichas dificultades consiguiendo que el retraso que el trastorno le está causando sea el menor posible. Esta idea es importante en cualquier alteración o dificultad, pero, si cabe, es más importante en los casos de autismo donde el retraso en el desarrollo puede ser verdaderamente grave.

niños en colegio

El diagnóstico de autismo se suele realizar cuando el niño tiene entre los dos y los tres años, aunque se han dado numerosos casos que pasaban desapercibidos hasta la adolescencia. En estos casos nos encontrabamos con que padres y profesores decían de los niños afirmaciones como: “era un niño muy aislado pero pensabamos que en la adolescencia mejoraría” o “realmente era un niño muy raro, sin amigos y con dificultades escolares pero no daba la lata en clase” Gracias a la divulgación que ha tenido este trastorno y los importantes esfuerzos que han hecho los profesionales, hoy cada vez ocurren menos casos como estos, los educadores están cada vez más preparados para detectar dificultades en el desarrollo y los profesionales más preprarados para realizar una adecuada valoración de este trastorno.

En general, la voz de alarma de los padres suele surgir cuando detectan que su hijo no empieza a hablar. Esta suele ser la preocupación que pone a los padres en marcha para lograr un diagnóstico adecuado de su hijo. Con frecuencia, el médico comenzará realizando pruebas neurológicas y audivitas que descarten posibles daños cerebrales o auditivos que impidan el acceso al lenguaje oral. Desde las escuelas infantiles se solicitará una Evaluación Psicológica que permita determinar la causa del retraso. En cualquier caso, el niño requerirá de la intervención de un equipo multidisciplinar para su evaluación, donde se requerirá una amplia Evaluación Psicológica, que permitirá, no solo etiquetar el trastorno, sino, lo que es más importante, establecer un plan educativo de intervención individualizado y adaptado a las características de cada niño y de cada familia.

Para lograr el diagnóstico el profesional va a evaluar que se dan una serie de características clínicas diferenciadoras. En primer lugar, el trastorno debe tener un inicio anterior a los 30 meses de edad. La mayoría de los padres con hijos afectados por este trastorno suelen relatar dificultades en la relación con sus hijos desde que éstos eran bebés: falta de contacto ocular, ausencia de señalización de objetos y falta de interés por el entorno. Otros padres suelen relatar, sin embargo, un momento crítico en el que se sucedió un cambio en su hijo: “todo iba bien, sonreía, pedía cosas señalando, intentaba imitar los sonidos del habla, pero de un día para otro, perdió todas esas habilidades“. En cualquier caso, siempre surgen las dificultades antes de los 30 meses, y la ausencia o el retraso del lenguaje suele ser la señal de alarma más habitual.

No siempre la ausencia o el retraso del lenguaje son indicadores de un trastorno autista, el Autismo es un trastorno verdaderamente complejo, suele afectar de forma generalizada a varios ámbitos del desarrollo del niño (recordemos que están dentro de los llamados Trastornos Generalizados del Desarrollo). Además del inicio anterior a los 30 meses, en la Evaluación se va a valorar la presencia de una serie de características clínicas:

  1. Alteración cualitativa de la interacción social
  2. Alteración cualitativa de la comunicación
  3. Alteración en los patrones de comportamiento

Además, en la exploración se valorará la presencia o no de retraso mental asociado. Aproximadamente, un 70 % de los niños con trastorno autista presentan, además, retraso mental.

Una vez establecido el diagnóstico, lo más importante es que exista un Plan Educativo y Terapeútico individualizado, derivado de la evaluación que se ha realizado y que puede conllevar:

  • Tratamiento médico y establecimiento de una dieta específica
  • Adaptaciones escolares y plan educativo individualizado
  • Terapia Psicológica
  • Psicoeducación familiar

El autismo es un trastorno crónico, es decir, no existen, en la actualidad, tratamientos que “curen” el trastorno. Sin embargo, si la detección del trastorno es precoz y se establece un adecuado plan de intervención, se puede lograr que el niño se desarrolle de la mejor manera posible, y, sobre todo, lograr una adecuada calidad de vida para él.

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