Esta infancia tan prolongada nos proporciona, sin embargo, una gran ventaja frente a los polluelos y es la de poder aprender el enorme bagaje cultural que nuestra especie ha ido acumulando a lo largo de millones de años de evolución. Un bebé, al nacer tiene que aprender un sistema de comunicación verdaderamente complejo como es el lenguaje, su desarrollo motor implica aprendizajes avanzados ya que tiene que adquirir habilidades motrices que le permitan andar, correr, subir escaleras, e incluso aprender a jugar al baloncesto, nadar o realizar el pino. Además, cuando un niño nace se enfrenta a un sistema social complejo donde es necesario entender pautas sociales implícitas, la comunicación no verbal, la ironía, las normas e incluso las mentiras. Las exigencias, por tanto, a las que se enfrentan nuestros bebés son tales, que van a necesitar de muchos años para poder incorporarse a nuestra sociedad y vivir en ella de forma plena.

 

En todo este proceso, los cuidadores y educadores del bebé son imprescindibles para asegurarle al niño una base sólida sobre la que poder adquirir y aprender nuestra cultura.

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