Los primeros años de la vida requieren grandes esfuerzos por tratar de comprender todo lo que nos rodea. Los niños, en la etapa de la educación infantil, tienen una comprensión limitada de su entorno y cada día realizan grandes e importantes avances. Como padres o como educadores podemos tratar de ponernos en su lugar, tratando de comprender las cosas como ellos lo hacen y así, poder proporcionarles un entorno más educativo, comprensible y donde puedan ir logrando mayores conocimientos y capacidades para comprender el complejo mundo en el que el niño crece.

 

¿Cómo entienden el mundo los niños los primeros años?

niña explorando entorno

El niño en esta etapa no comprende las abstracciones y su razonamiento se mueve más por semejanzas, proximidades e intuiciones. Con algunos ejemplos, podemos entender mejor esta manera de entender el mundo:

 

– Tiene dificultades para categorizar los objetos de su entorno con lo que puede llamar “guau guau” a cualquier animal de cuatro patas (y no solo a los perros) o por el contrario, llamar “pipi” únicamente a un periquito y no a todos los demás.

 

– El niño se centra en lo que ve y se fía de ello, por eso pensará que tiene más líquido el recipiente que es más alto, sin tener en cuenta que uno puede ser más ancho que el otro, es decir, se centra únicamente en la forma (aspecto concreto y visible) y obvia la cantidad (aspecto que requiere un conocimiento más abstracto del mundo).

 

–  Además, el niño tiene dificultades para entender puntos de vista diferentes al suyo, de manera que no puede tomar en cuenta diferentes posibilidades más allá de la suya.

 

– Establecen relaciones causales muy sencillas, basadas en lo que ven, en lo presente como considerar que dos cosas que se ven juntas son una causa de la otra. Así, el niño puede pensar que basta tener sueño para que se haga de noche.

 

– Es muy frecuente que tengan dificultades para diferenciar lo que está vivo de las cosas inertes de manera que el niño puede pensar que sus muñecos tienen vida y taparles porque tienen frio o tratar de darles de comer su comida.

 

Todas estas características no suponen ningún tipo de dificultad o déficit en el desarrollo del niño, sino que es la manera que el niño tiene para entender su entorno en función de sus capacidades. Tratar de exigirles una manera más madura de comprender el mundo puede resultar desalentador para el niño, frustrante y lograr el efecto contrario al que se desea. En vez de conseguir un desarrollo óptimo, el niño puede mostrarse más callado y tímido por miedo a equivocarse. Al contrario, si queremos potenciar un desarrollo óptimo es necesario comprender estas características, dejarles libertad para que expresen su manera de comprender las cosas y potenciar que exploren, interpreten y compartan su única visión del mundo. Solo así, podrán avanzar en su desarrollo, con interés y ganas de aprender y mejorar.

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