niño abrazando a su padre

Todos los papás queremos que nuestros hijos sean felices. No nos creemos que un niño pueda tener una depresión, pero ¡si está en la etapa más feliz! Sin embargo, a veces podemos pasar por alto señales que nos están diciendo que algo no marcha bien. Detectarlas a tiempo es fundamental para buscar ayuda y resolver aquello que está alterando el desarrollo de nuestro hijo.

¿Cualquier niño puede sufrir una depresión?

Aunque en sentido estricto, cualquier niño puede sufrir una depresión, se puede decir que existe un mayor riesgo en niños que viven bajo una tensión muy elevada o aquellos que han experimentado una pérdida traumática. El riesgo también es elevado en niños con trastornos psicológicos (de conducta, hiperactividad, dificultades de aprendizaje, etc.) y en niños con discapacidades psíquicas o físicas.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Como decíamos al principio, un diagnóstico y tratamiento precoces es la mejor prevención de problemas mayores en el futuro, por lo tanto, en cuanto detectemos los primeros síntomas es importante acudir a un especialista que establezca la intervención más adecuada.

Un aspecto a tener en cuenta es que en los niños la depresión se puede manifestar de forma diferente que en los adultos. Todos relacionamos la depresión con estar triste e incluso llorar todo el tiempo, sin embargo, los niños, con un desarrollo cognitivo y emocional todavía inmaduro, no saben lo que les pasa ni cómo expresarlo, por eso es frecuente que la depresión se manifieste con irritabilidad en vez de con tristeza.

Lo más importante es estar alerta a posibles cambios de comportamiento, es decir, no es tanto que suceda una cosa u otra sino más bien, que observamos un cambio importante en su comportamiento que no sabemos explicar. Algunos de estos cambios pueden ser:

  • El niño deja de jugar con sus amigos y pasa más tiempo solo
  • Ya no le interesan las cosas que antes le gustaban
  • Comienza a comportarse mal en casa, ha dejar de hacer cosas que hacía y a tener más rabietas
  • En la escuela nos informan de que ha comenzado a comportarse mal cuando antes no lo hacía
  • Está triste la mayor parte del tiempo
  • Presenta llanto fácil
  • De repente le cuesta conciliar o mantener el sueño, se despierta a menudo y pasa el día cansado
  • Hay cambios en el apetito, o no tiene ganas de comer o tiene muchas y aparecen los atracones de comida
  • Expresa frases relacionadas con sentimientos de inferioridad y de no ser querido
  • Falta de concentración, se distrae con más facilidad que antes
  • Falta de energía, le cuesta hacer cualquier actividad y parece estar muy cansado siempre
  • Se escapa de casa o fantasea con la idea de hacerlo

Como decía, lo más llamativo suele ser que se produce un cambio y por eso, la importancia de que los papás estemos siempre atentos y escuchemos las inquietudes de nuestros hijos. Según la edad, es posible que nuestro hijo no sepa expresar con palabras lo que siente y lo exprese de otras formas, a través de dibujos, cambios en las cosas que le gustan, rabietas no motivadas, etc. Ante la duda, es mejor preguntar una segunda opinión, preguntar en el colegio por si han observado algún cambio y, si es necesario, solicitar ayuda de un especialista.

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