Los celos son una preocupación frecuente para los papás que se deciden a tener más de un hijo. Parece que nadie puede librarse de ello, y es que la llegada de un nuevo peque a la familia le “quita” al otro atención y esto puede generar sentimientos de malestar. ¡Es normal! Los celos son un sentimiento natural que también experimentamos los adultos y es un sentimiento difícil de gestionar también para nosotros.

dos hermanas

¿Por qué se ponen celosos?

En realidad, los peques no tienen por qué sentir celos sólo ante el nacimiento de un hermano pequeño. También en el colegio entre compañeros o en la familia entre primos pueden aparecer estos sentimientos. Lo que “duele” no es el sentimiento de que otro recibe más atención o que disfruta de unos privilegios que nosotros no disfrutamos como puede ser la atención de personas queridas.

Cuando llega un nuevo hermano a casa lo primero que puede aparecer es un sentimiento de pérdida de privilegios y es que, ante el nuevo pequeñín, parece que papá y mamá ya no tienen el tiempo que tenían antes para estar con el mayor. Y es que, por más que lo intentemos, sencillamente no podemos multiplicar nuestro tiempo o dividirnos en dos. Ahora tenemos menos tiempo para el que estaba primero, y esto requiere un tiempo de adaptación.

Otro efecto que se produce cuando tenemos un segundo hijo es que el segundo pasa de un día para otro, de ser el pequeño de la casa a ser el mayor (independientemente de la edad que tenga)  con todas las implicaciones que esto tiene. Si antes tenía una rabieta lo abordábamos como buenamente podíamos, ahora, el mensaje que le transmitimos es: “Pero si ya eres mayor para eso” Parece que si no hubiera llegado un hermano pequeño podría haber sido pequeño más tiempo, ahora el peque es otro y por eso su comportamiento tiene que ser “de mayor”. ¡Qué difícil! Ahora que hay un bebé en casa, las exigencias al mayor crecen y comenzamos a exigirle cosas que antes ni se nos ocurrían. “Ahora, ya eres mayor, ¡tienes que empezar tú solo a atarte esos zapatos!

Y claro, luego está el tema de las comparaciones entre hermanos. Da igual las veces que te hayas dicho a ti mismo que nunca les compararías, que respetarías sus diferencias, que nunca vas a decir la fase: “si es que el pequeño es más…” “Si es que el mayor suele ser más … que el pequeño“; de repente te ves pegando una voz y diciendo: “Pero ves cómo se porta tu hermano, a ver si aprendes un poco de él” Te arrepientes al instante, es cierto, pero el problema es que ya lo has dicho. Y si tú no, si consigues más o menos controlarlo, tendrá que escucharlo en su entorno de tíos, abuelos o amigos. Y es que cuando hay hermanos ¡las comparaciones son tan innecesarias!

¿Cómo se manifiestan los celos?

Cuando se produce un cambio tan importante como la llegada de otro miembro a la familia nuestro hijo necesitará un tiempo para adaptarse a la nueva situación. No podemos esperar que lo acepte todo desde el primer día (hay niños que se adaptan muy bien, pero no es lo normal). Durante este tiempo de adaptación es posible que aparezcan esté más triste, haga muchas preguntas sobre su hermano, trate de llamar más la atención o solicite más de su mamá. Lo sano, es que con el tiempo todo se vaya equilibrando, el peque entienda que hay un nuevo miembro en la familia y que cada uno tiene su sitio. Aquí, lo que hagan sus papás es fundamental para que comprenda la nueva situación y entienda que no se trata de que hayan dejado de quererle, sino que ahora quieren a otro más, que será también su compañero de juegos.

Pero esto, no siempre es tan fácil, un recién nacido demanda mucha atención y puede ser difícil gestionar la situación de un hermano celoso. Cuando la adaptación se complica el hermano mayor puede empezar a pensar cosas como estas: “Esto no es justo”, “él lo hace todo bien y yo todo mal”, “mamá antes me bañaba y ahora ya no quiere” “lo está estropeando todo”, “si no hubiera venido todo sería como antes”

Entonces, ¿cómo podemos diferenciar los celos malos de los adaptativos? ¿Qué diferencia los celos adaptativos de los insanos?

Se prologan en el tiempo

Los celos que surgen en el periodo de adaptación a la llegada de un nuevo hermano o cambio importante en la familia tienen un tiempo limitado. Aparecen al principio y con el tiempo vamos observando como las cosas se equilibran. No vuelven a ser como antes, pero sí vemos al peque disfrutar con sus padres y su hermano nuevamente. Si las cosas se alargan más de seis meses y si, sobre todo, observamos que van a más, entonces los celos se están convirtiendo en celos menos sanos.

Aparecen comportamientos de etapas que ya estaban superadas 

Algunos niños reaccionan haciendo cosas que ya habían dejado de hacer hace algún tiempo: aparecen los episodios de hacerse pis encima, peticiones de volver a tomar biberón o pecho, solicitud de ser acunado o de dormir en la habitación de los padres, retrasos del habla, etc. Esto solo tiene una función, y es decirle a los papás que queremos volver a tener la atención perdida. Es una solicitud de cariño y atención a gritos, y ya adelanto, que la mejor solución es ofrecérselo.

Comportamientos de rebeldía y oposición

Cuando vivimos una situación que nos parece injusta lo más frecuente es ¡rebelarnos! Pues bien, con los celos pasa lo mismo, el peque se siente injustamente tratado o desplazado y se rebelará hacia sus padres. En los casos más extremos puede llegar a comportamientos agresivos que nunca antes había mostrado, pueden ser contra los objetos o incluso, contra el pequeño que le ha desplazado.

Muestras de indiferencia e incluso, de tristeza

En algunos niños, los sentimientos de injusticia se muestran con indiferencia hacia lo que les rodea. Ven que las cosas han cambiado y no saben qué pueden hacer para volver a estar bien, así que se muestran apáticos e indiferentes. Lo que hay ya no me interesa. Este comportamiento es más peligroso porque puede pasar más desapercibido. Al no ser comportamientos molestos en el colegio o en casa, los papás pueden pasarlo por alto y esta falta de atención puede aumentar más los sentimientos de tristeza, característica de la depresión infantil.

Retraimiento y aislamiento

Esto suele venir acompañado de la indiferencia y es que cuando el peque observa que ya no es divertido estar con los demás puede empezar a sumergirse en actividades solitarias y permanecer cada vez más tiempo solo. Muchos papás pueden ver esto erróneamente como un signo de madurez, sin embargo, los sentimientos que suelen acompañar a estos cambios suelen ser más de inferioridad, tristeza y pesimismo.

Somatizaciones

En ocasiones los peques se quejan de dolores físicos para lograr una mayor atención de los papás. Todos sabemos que cuando estamos enfermos recibimos más atención y cariño y se nos exige menos, justo lo que necesita el peque que se le han hecho de repente mayor. Pero también, la propia tensión emocional que sufren por la nueva situación puede hacer que aparezcan problemas físicos reales (dolores de cabeza, trastornos gastrointestinales, trastornos respiratorios por bajada de defensas…)

En definitiva,

los celos aparecen como consecuencia de una pérdida de privilegios que suelen estar relacionadas con la falta de atención a las necesidades afectivas de los peques.

De repente su mamá ya no acude corriendo cuando necesita algo, sino que muchas veces, tiene que esperar a que deje de atender al nuevo hermano para poder ser atendido él. Esta nueva situación puede ser asimilada de forma progresiva con ayuda de los padres o puede convertirse en una situación más crónica y conflictiva en la familia.

Los celos de un niño que acaba de tener un hermano (o que está viviendo una nueva situación en la familia) son normales y necesarios para poder adaptarse a la nueva situación. El problema viene cuando los papás nos empeñamos en corregir, ridiculizar o despreciar al niño que tiene celos. Sólo tratando la situación con naturalidad, ayudándole a entender la nueva situación y atendiendo sus necesidades emocionales los celos normales no se transformarán en celos insanos.

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