La depresión infantil puede estar causada por diferentes razones, pero en general suele venir por un conjunto de diferentes razones y una falta de habilidad para el manejo de las emociones. Algunas de estas causas pueden ser:

Pérdida traumática

Cuando el niño sufre una pérdida cercana (de un abuelo con el que pasaba mucho tiempo, de los padres, hermanos, etc.) y esta pérdida no se explica adecuadamente, el niño puede tener la sensación de abandono. También se relaciona con que tras la pérdida, la situación familiar cambia de forma brusca a un clima dañino. En estos casos el niño puede caer en un estado emocional marcado por la desesperanza.

Entorno marcado por la falta de refuerzosniña triste

Esto se produce cuando un niño está sometido a una situación de abandono psicológico, es decir, cuando “nadie le hace caso”. En estos casos el niño puede tener la sensación de “que da igual lo que haga” porque no recibe atenciones ni cariño.

Imitación y aprendizaje

Otra causa de la depresión se produce en niños que viven en un entorno en que una persona cercana -como la madre- padece una depresión. En estos casos, el niño aprende a comportarse con un estilo depresivo, llora con facilidad y tiende a ver las cosas por el lado negativo.

Vivencias de maltrato

Otra causa de la depresión infantil es la vivencia de maltratos en el hogar, ya sea en primera persona o por presenciar episodios de violencia contra otras personas. En ambos casos es frecuente que el niño acabe con sentimientos de culpabilidad, frustración e indefensión.

 

Además de estas situaciones que planteamos, existen otros factores que pueden determinar la aparición de la depresión infantil:

  • Falta de habilidades sociales y asertividad que provocan relaciones sociales con los compañeros desadaptativas (situaciones de dependencia, desigualdad, aislamiento, etc.)
  • Baja autoestima y sentimientos de inferioridad
  • Fracaso escolar
  • Sufrir enfermedades físicas o tener otros trastornos psicológicos (autismo, discapacidad intelectual, hiperactividad, etc.)

La detección e intervención precoces son fundamentales para prevenir problemas emocionales en la edad adulta y permitir al niño tener una infancia y adolescencia sana en la que poder desarrollarse plenamente.

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