El Autismo es un trastorno complejo que afecta de forma generalizada a varios ámbitos del desarrollo del niño. Además, el grado de afectación es muy variable por lo que de un caso a otro de autismo se dan enormes diferencias. La mayoría de estudios realizados al respecto han venido señalando tres áreas fundamentales en que el desarrollo del niño se encuentra afectado:

niño jugando

 1. Alteración cualitativa de la interacción social

Esto implica tener alteradas las habilidades que aprendemos y utilizamos cuando nos relacionamos con nuestro entorno. Los niños con esta afectación no suelen desarrollar relaciones con sus compañeros, o si las tienen, pueden ser poco apropiadas según su edad y nivel de desarrollo. Tienen muchas dificultades para compartir intereses y objetivos con compañeros y no suelen mostrarse interesados por jugar con ellos.

La falta de muestras de intentar compartir algún interés también sucede con los padres y con otros adultos. Desde que son muy pequeños, no señalan objetos para que sus padres comprendan su interés ni se los llevan para que entiendan que les gustan.

Otras habilidades afectadas tienen que ver con la comunicaicón no verbal. Desde muy pequeños, se aprenden todos los comportamientos no verbales que vamos a utilizar para comunicarnos con los demás: el contacto visual, la expresión facial, la postura corporal (de escucha, de abatimiento, de rechazo…) y gestos que utilizamos al hablar. Los niños diagnosticados con un Trastorno autista suelen tener la mirada perdida o fijarla en puntos que no suelen tener relevancia como en partes de objetos, en partes del cuerpo o en sí mismos. Son niños con los que cuesta compartir una mirada, y sin embargo pueden quedarse horas observando el codo o los pendientes de otra persona. También suele ser característico la falta de expresividad que puede llegar, incluso, a no poder reconocer si está triste, contento o si algo le hace daño.

En definitiva, al tratar con un niño con autismo es difícil establecer reciprocidad emocional y social, de manera que pueden parecer ausentes, aislados del mundo social y sin ningún interés por tener relaciones con otras personas.

2. Alteración cualitativa de la comunicación

En cuanto al desarrollo del lenguaje, existe una enorme variedad en cuanto al nivel que pueden adquirir, desde dificultades en la entonación del lenguaje hasta el mutismo total. En general, aparece un retraso del desarrollo del lenguaje que no trata de ninguna otra manera de compensar esta ausencia o retraso. Es decir, si el niño no habla, tampoco trata de comunicarse a través de gestos o señales.

Cuando el niño con autismo presenta un marcado retraso del desarrollo del lenguaje, es frecuente que aparezcan las ecolalias y el lenguaje estereotipado. Las ecolalias son repeticiones de una misma palabra o frase, sin sentido ni intención de comunicarse. Pueden haber visto un anuncio donde se diga, por ejemplo, “la vida puede ser maravillosa” y repetir esta frase – incluso con la misma entonación del anuncio – de forma inconexa, sin significado y de forma repetitiva, causando sorpresa en el entorno.  Lo más frecuente es que repitan palabras o incluso sonidos, por ejemplo, pueden pasarse horas repitiendo “pe-pe-pe-pe

En los niños que logran desarrollar el lenguaje oral, suelen tener dificultades a la hora de tener conversaciones con otras personas. Pueden utilizar el lenguaje, pero lo hacen de una manera literal o informativa, como si les faltara intención en la comunicación. Es por esta razón, por la que muchas veces tienen dificultades para entender los refranes, las frases hechas o la ironía.

3. Alteraciones en los patrones de comportamiento

Los niños con trastorno autista suelen tener un comportamiento que los demás catalogan como “raro” o “extravagante”. Es muy frecuente que focalicen todo su interés en un único tema u objeto. Por ejemplo, pueden interesarse por un único puzzle, realizandolo una y otra vez, centrándose en las piezas por separado, y rechazando cualquier otro juego u objeto.También es muy frecuente, que el único interés del niño sea una parte de un objeto, lo que causa verdadera sorpresa en su entorno. Si se le regala un coche, puede dejar el coche abandonado en un rincón, coger una de sus ruedas y llevarla consigo a todas partes.

Otras conductas extrañas, suelen estar ligadas a la realización de rituales o rutinas de forma inflexible. Por ejemplo, si adquieren la rutina de ponerse un jersey antes de salir de casa, pueden tener serias dificultades cuando llega el verano y no se le permite ponerse el jersey, o, por ejemplo, si sale fuera de su casa, puede negarse a comer porque no tiene el vaso que utiliza siempre. Estas rutinas se caracterizan por no ser funcionales, es decir, realizarlas puede no tener ningún sentido (ponerse un jersey en verano, utilizar un único vaso o negarse a cambiar de zapatos cuando éstos ya están pequeños son comportamientos no funcionales).

Al igual que ocurría con el lenguaje, los niños con un trastorno autista suelen tener comportamientos motores repetitivos y estereotipados. Muchos niños presentan aleteos, movimientos con el cuello, balanceo del cuerpo… Estos comportamientos son monótonos, no tienen ninguna utilidad y se realizan de forma compulsiva, de hecho, si se trata de parar el movimiento de forma brusca, puede ocasionar enfados violentos en el niño.

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